La lengua es mucho más que un conjunto de reglas gramaticales; es un campo de batalla cultural, un reflejo de las tensiones sociales y una herramienta para la construcción de la identidad. En ningún lugar es esto más evidente que en el acalorado debate global sobre el lenguaje inclusivo. Y ahora, El Salvador, bajo el gobierno del presidente Nayib Bukele, ha trazado una línea firme en la arena. Con una directiva clara y contundente, el Ministerio de Educación ha prohibido explícitamente el uso del lenguaje inclusivo en todas las instituciones educativas del país, tanto públicas como privadas.
La medida, anunciada como un retorno a los fundamentos de la gramática, ha sido celebrada por algunos como una defensa del idioma español y una barrera contra la “ideología de género”. Para otros, representa un retroceso peligroso, un acto de exclusión y un silenciamiento de las identidades no normativas. Este es el hecho aclarado: la decisión de El Salvador no es un simple ajuste de currículo; es una declaración política que resuena en toda América Latina y se inserta en un debate mucho más profundo sobre el poder, la visibilidad y el futuro de la palabra.
El Hecho Concreto: La Directiva del Ministerio de Educación
A principios de 2024, el Ministerio de Educación de El Salvador emitió una circular oficial con una instrucción inequívoca: todo el contenido educativo, comunicaciones administrativas, textos académicos y la enseñanza en el aula deben adherirse estrictamente a las reglas gramaticales de la Real Academia Española (RAE). La directiva prohíbe explícitamente el uso de las variantes del lenguaje inclusivo que han ganado popularidad en los últimos años, tales como:
- El uso de la vocal “e” como morfema de género neutro (ej. “todes”, “niñes”, “alumnes”).
- El uso de la “x” o el “@” como alternativas gráficas (ej. “lxs alumnxs”, “tod@s”).
- El desdoblamiento de género considerado innecesario por la RAE (aunque esta práctica es más ambigua en su aplicación).
El ministro de Educación, José Mauricio Pineda, reforzó el mensaje públicamente, declarando que el objetivo era fortalecer la educación de los niños y jóvenes, eliminando distracciones y lo que consideró “modas” ideológicas que complican el aprendizaje del idioma. La postura oficial es clara: la gramática no está sujeta a la política social, y la escuela es un lugar para enseñar las normas establecidas, no para experimentar con ellas.
Los Pilares de la Prohibición: Los Argumentos a Favor
La decisión del gobierno salvadoreño no surgió en el vacío. Se apoya en una serie de argumentos que encuentran un fuerte eco en sectores conservadores y tradicionalistas de la sociedad, tanto dentro como fuera de El Salvador.
1. La Autoridad de la Real Academia Española (RAE): El principal argumento es el de la corrección gramatical. La RAE, institución que por siglos ha actuado como árbitro del idioma español, ha sido explícita en su rechazo a estas formas de lenguaje inclusivo. Sostiene que el masculino genérico (usar “los alumnos” para referirse a un grupo mixto) es un mecanismo gramatical eficiente y abstracto que ya incluye a individuos de todos los géneros. Según esta visión, la creación de nuevos morfemas como la “e” es innecesaria, artificial y ajena a la estructura natural del español. Para el gobierno, seguir a la RAE es simplemente enseñar el idioma “correcto”.
2. La Complejidad y la Carga Cognitiva: Un segundo argumento se centra en la pedagogía. Los defensores de la prohibición sostienen que introducir estas nuevas formas lingüísticas en el aula añade una capa de complejidad innecesaria para los estudiantes, especialmente para los más pequeños que están en pleno proceso de adquisición del lenguaje. Argumentan que los niños necesitan aprender primero las reglas fundamentales y estandarizadas antes de poder entender o participar en debates sobre sus variaciones. Forzar el uso de “todes” o “lxs” podría generar confusión, dificultar la lectoescritura y desviar el foco de materias consideradas más importantes, como las matemáticas o las ciencias.
3. El Rechazo a la “Ideología de Género”: Este es, quizás, el núcleo político de la decisión. La prohibición se enmarca en una narrativa más amplia de oposición a lo que sus críticos denominan “ideología de género”. Desde esta perspectiva, el lenguaje inclusivo no es una simple evolución lingüística, sino un vehículo para promover una agenda política y social específica, asociada a los movimientos feministas y LGBTQ+. Al prohibirlo, el gobierno se posiciona como un defensor de los valores tradicionales de la familia y la sociedad, protegiendo a los niños de lo que consideran un adoctrinamiento ideológico en las escuelas. Esta postura es coherente con otras políticas y declaraciones del gobierno de Bukele, que apelan a una base conservadora y nacionalista.
Las Voces de la Disidencia: Los Argumentos en Contra
Del otro lado del espectro, la medida ha sido duramente criticada por activistas de derechos humanos, colectivos feministas, grupos LGBTQ+ y académicos de la lingüística, quienes ven en la prohibición un acto de violencia simbólica y exclusión.
1. “Lo que no se nombra, no existe”: El argumento central de los defensores del lenguaje inclusivo es que la lengua no solo describe la realidad, sino que también la construye. Sostienen que el uso sistemático del masculino genérico invisibiliza a las mujeres y, de manera aún más crucial, a las personas de género no binario. Para estas personas, que no se identifican ni como hombres ni como mujeres, la opción de “todos” o “todas” es inherentemente excluyente. El uso de la “e” en “todes” es una herramienta política y de afirmación para nombrar una existencia que la gramática tradicional ignora. Prohibirlo, argumentan, es negar su identidad y su lugar en la sociedad, especialmente en un espacio tan formativo como la escuela.
2. La Lengua como Organismo Vivo: Los lingüistas críticos a la postura de la RAE recuerdan que las lenguas no son monumentos estáticos, sino sistemas vivos en constante evolución. La forma en que hablamos hoy es el resultado de siglos de cambios sociales que se reflejaron en el idioma. Palabras que hoy son comunes fueron en su día neologismos criticados, y reglas que eran inamovibles han desaparecido. Desde esta perspectiva, el lenguaje inclusivo es simplemente el siguiente paso en la evolución del español, un intento orgánico de la sociedad por hacer que el idioma refleje mejor la diversidad de sus hablantes. Prohibirlo es intentar congelar la lengua en el tiempo y negar su capacidad de adaptación.
3. La Prohibición como Acto Ideológico: Los opositores a la medida invierten el argumento del gobierno: sostienen que la prohibición es, en sí misma, el acto más ideológico de todos. No es una decisión neutral y puramente gramatical, sino una imposición activa de una visión del mundo conservadora y patriarcal. Al imponer la norma de la RAE, el Estado no está siendo neutral; está tomando partido activamente en un debate social, utilizando su poder para reforzar una estructura de poder existente y silenciar a las minorías.
El Contexto Ampliado: Un Fenómeno Global
La decisión de El Salvador no es un caso aislado. Este debate se está librando en las aulas, parlamentos y medios de comunicación de todo el mundo hispanohablante. En Argentina, algunas universidades han adoptado el lenguaje inclusivo, mientras que la ciudad de Buenos Aires lo ha prohibido en sus escuelas. En España, el debate es constante y polarizado. En Chile, el proceso constitucional incluyó discusiones sobre su uso en la nueva carta magna.
La postura de El Salvador se alinea con una tendencia de gobiernos populistas de derecha o conservadores que utilizan este tipo de prohibiciones como una bandera cultural para movilizar a su base. Es una forma de proyectar una imagen de fuerza, orden y defensa de los “valores tradicionales” frente a un mundo que perciben como caótico y excesivamente progresista.
Conclusión: Más que una Letra, una Visión del Mundo
La prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas salvadoreñas es un microcosmos de una lucha mucho mayor. Es una colisión entre la visión del lenguaje como un sistema de reglas fijas y la visión del lenguaje como un espejo de la sociedad en constante cambio. Es una batalla entre la tradición y la inclusión, entre la autoridad normativa y la autoafirmación de la identidad.
Independientemente de la postura que se adopte, el hecho aclarado es que la decisión del gobierno de Nayib Bukele trasciende la gramática. Es una toma de posición sobre qué tipo de sociedad se quiere construir y qué identidades son consideradas legítimas para ser nombradas en el espacio público más importante de todos: la escuela. La “e”, la “x” y el “@” han dejado de ser simples caracteres para convertirse en símbolos de una profunda fractura cultural, y la guerra por su lugar en el idioma está lejos de haber terminado.













